|
Los accidentes de trabajo y las enfermedades laborales
comportan unos costes que derivan tanto hacia la parte humana
como la económica, aunque existe un pensamiento
global que considera el sufrimiento como un valor importante
que implica a accidentados y a sus familiares.
Acerca de esta cuestión se dispone de pocos datos
fiables. Así, por ejemplo, sabemos con certeza que
cada año más de 4.000 trabajadores quedan
permanentemente inválidos a causa de un accidente
de trabajo y pasan a percibir la correspondiente pensión.
En concreto, en el año 1997 fueron 4.753 y en 1998,
4.648.
Las enfermedades profesionales parece que generan menos daños,
pero su monto no es en absoluto despreciable: 1.109 nuevas
pensiones de invalidez permanente en 1997 y 986 en 1998.
Por sorprendente que parezca en cambio, no se publican
cifras fiables acerca de la mortalidad por estas mismas causas.
En efecto las estadísticas de accidentes mortales que
publican las autoridades laborales no son más que una
contabilidad de accidentes, no de sus consecuencias: por este
motivo, en general sólo incluyen los casos en los que
la muerte del trabajador se produce prácticamente de
inmediato (la supervivencia media fue en 1998 de 0'5) y no
recogen los datos globales de los fallecimientos que ocurren
con posterioridad y que, por ello, no pueden quedar reflejados
en el parte de accidente que debe emitirse en un plazo breve
después de ocurrido.
Como es obvio, la cifra de fallecimientos reales tienen que
ser bastante superior, pues una cierta proporción desconocida
de accidentes inicialmente calificados de graves, producen
la muerte del accidentado al final.
Por las mismas razones, corregidas y aumentadas, es imposible
que las estadísticas reflejen los fallecimientos imputables
a enfermedades profesionales que, en general se producirán
cuando el afectado ya está percibiendo su pensión
de invalidez; por esta razón la estadística
en España no recoge más que muy excepcionalmente
las enfermedades profesionales mortales.
Si sabemos, en cambio, gracias a la exquisita contabilidad
sobre las pensiones que publica la Seguridad Social que, en
diciembre de 1999, 79.600 cónyuges percibían
una pensión de viudedad causada por un accidente de
trabajo o enfermedad profesional. El número de pensiones
de orfandad reconocidas por el mismo motivo ascendía
a 18.600.
El segundo aspecto de los costes es el económico.
Éste recae, en primer lugar, en el trabajador
que, con carácter general, ve reducido su salario
al 75 por ciento cuando está de baja debido a un
accidente de trabajo o enfermedad profesional.
La empresa también asume un coste importante cuyo
monto exacto es difícil de evaluar, ya que los
sistemas contables al uso no están diseñados
para registrar ciertos costes que, justamente por esta razón,
suelen ser calificados de costes ocultos.
La única parte bien conocida de estos costes es el
importe de las cotizaciones que, en concepto de seguro de
accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, abonan
las empresas a la Seguridad Social: alrededor de 600.000 millones
de pesetas al año para el conjunto del Estado. Estas
cotizaciones son finalmente gestionadas por las mutuas de
accidentes de trabajo, en su calidad de entidades colaboradoras
de la Seguridad Social.
Debido a que estas cotizaciones están calculadas a
partir de datos de siniestralidad antiguos - cuando se producían
muchos más accidentes y enfermedades que en la actualidad
-, la prima media es bastante elevada (más del 2,5
por ciento del salario bruto), lo que hace que el régimen
de accidentes de trabajo sea permanentemente excedentario
(un superávit de 60.000 millones en 1999, según
García Pomar), excedente que se disuelve fácilmente
en el mar de necesidades parentorias que deben ser atendidas
en otros ámbitos de las prestaciones sociales.
Señalaré finalmente que parte de la tarifa
pagada en "exceso" (de la cual provienen, lógicamente,
los excedentes) es recuperada por la vía de los servicios
que las mutuas prestan gratuitamente a las empresas, servicios
que éstas suelen ver, en general, como adecuadamente
proporcionados a las cotizaciones efectuadas.
Por ello, aunque el coste global de accidentes de trabajo
y enfermedades profesionales sea alto, existe un nivel de
tolerancia elevado respecto al mismo. Al menos eso parece
a la vista del poco interés que el tema suele suscitar
entre los más directamente afectados empresarios y
trabajadores.
| |
Xavier
Crespán Echegoyen
Inspector de Trabajo e Ingeniero industrial |
|