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incidencia
de las enfermedades infecciosas. Cuando la sociedad en general
habla del estrés laboral está asociándolo automáticamente
con la imagen del típico ejecutivo agobiado, hablando por
dos teléfonos a la vez, con una cartera en cada mano, sorteando
viajes y reuniones de negocios, inmerso en el trabajo y dejando
una pequeña parcela para su vida familiar por falta de tiempo.
Sin embargo, el estrés lo soportan cotidianamente directivos,
trabajadores, amas de casa, parados, jubilados, escolares,
universitarios etc.
El
estrés más habitual corre de la mano del grado de civilización
de una sociedad y de su nivel de consumismo. Es una enfermedad
fruto de un absurdo ciclo: ser capaz de abarcar una gran cantidad
de trabajo, ganar mucho dinero y poder gastarlo rápidamente,
porque tampoco queda mucho tiempo libre, asumiendo que se
ha mejorado el nivel de vida, y sin reconocer que se hace
a costa de la salud y de períodos de tiempo perdidos que nunca
se van a recuperar. De ahí recordar la famosa frase de que
<<no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita».
Este
síndrome de Burnout es la plaga de fin de siglo. Se calcula
que alrededor de dos tercios de todas las enfermedades están
relacionadas con el estrés laboral y aunque no se trata de
una relación de causa-efecto, el estrés laboral es un factor
importante que interacciona con otras variables biológicas,
psicológicas y sociales, dando lugar a numerosas enfermedades
físicas y mentales
Los
gestores deberían saber que exprimiendo al máximo la actividad
y los recursos humanos, lejos de obtener una mayor productividad,
lo único que consiguen es provocar la quemazón profesional
que inicia el estrés laboral, la pasividad y, en muchos casos,
el abandono. Está claro que el Burnout no es sólo un problema
para el trabajador, sino también para la empresa en general,
y ésta, de acuerdo con la ley de Prevención de Riesgos Laborales,
tiene la obligación legal de evitarlo, puesto que constituye
un riesgo laboral de vital importancia.
Partiendo
de estas premisas, nuestro trabajo intenta, en primer lugar
identificar qué debemos entender por síndrome de Burnout,
a continuación señalaremos cuáles son las variables que en
mayor medida influyen en su desarrollo; para finalizar proponiendo
algunas de las estrategias de prevención que podemos implementar
para intentar paliar los efectos adversos de dicho síndrome.
1.
SINDROME DE BURNOUT
El
síndrome de Burnout (también llamado «síndrome de estar quemado
«síndrome de la quemazón», «síndrome del estrés laboral asistencial»,
«síndrome del desgaste profesional») hace su aparición cuando
el profesional está «quemado», dando a entender que la situación
(familiar, social o laboral) le ha sobrepasado y ha quedado
reducida su capacidad de adaptación.
El
concepto de «Burnout» fue acuñado por Freudenberger en 1974.
Con posterioridad Maslach y Pines (1977) lo dieron a conocer
y, desde entonces, dicho término se utiliza para referirse
al desgaste profesional que sufren los trabajadores de los
servicios humanos (educación, salud, administración pública,
etc.), debido a unas condiciones de trabajo que tienen fuertes
demandas sociales.
Aunque
no existe una definición unánimemente aceptada, sin embargo
hay consenso en considerar que el síndrome de Burnout aparece
en el individuo como una respuesta al estrés laboral crónico,
que surge al trabajar bajo «condiciones dificiles» en contacto
directo con los usuarios (clientes, pacientes, alumnos, presos,
etc.) teniendo consecuencias muy negativas para la persona
y para la organización.
Por
otra parte, aunque se subraya que el síndrome surge como respuesta
al estrés laboral crónico, hay que destacar que aparece como
resultado de un proceso continuo en el que sobre todo fallan
las estrategias de afrontamiento que suele emplear el sujeto.
En
general, de acuerdo con Maslach se acepta que las dimensiones
que contribuyen a delimitar dicho síndrome son:
-
El cansancio emocional (CE). Se caracteriza por la
pérdida progresiva de energía, el desgaste, el agotamiento,
la fatiga, etc.
-
La des personalización (DP). Manifestada por irritabilidad,
actitudes negativas y respuestas frías e impersonales hacia
las personas (clientes, pacientes, alumnos etc.).
-
La falta de realización personal (RP), con respuestas
negativas hacia sí mismo y el trabajo.
Entre
los autores que abordan el síndrome de Burnout desde la perspectiva
tridimensional de Maslach están Burke (1998), Burke, Greenglass
y Schwarzer (1996), Golembiewski (1982, 1984), Golembiewsk¡,
Munzenrider y Carter (1983), Golembiewski, Sun Lin, Boudreau,
(1995). En España, cabe destacar, entre otros, Daniel y Pérez
(1999), Gil-Monte y Peiró, (1997), Manzano y Ramos (1999),
Mingote (1997), Moreno y Oliver (1993), Torres et al. (1996),
Valero (1997). Todos ellos conceptualizan este fenómeno como
un síndrome de falta de Realización Personal en el trabajo,
Cansancio Emocional y Desper- sonalización, pero se establecen
diferencias entre ellos al considerar el orden secuencial
en que aparecen estos síntomas en el desarrollo del proceso
de quemarse.
Maslach
construyó el «Maslach Burnout Inventory» (MBI) para medir
el Burnout en educadores y personal de los servicios humanos
(enfermeras, médicos, psicólogos, asistentes sociales, etc.).
La escala evalúa las tres dimensiones (CE-Cansancio Emocional,
DP-Despersonalización, RP-Realización Personal) por medio
de tres subescalas. Dado que el MBI puede aplicarse fácilmente,
ha sido ampliamente utilizado. Por eso, debido a su reiterada
utilización con muestras de todo tipo, la definición de Burnout
de Maslach, implícita en MBI, se ha convertido en la más aceptada.
Sin
embargo, Pines y Aronson (1992) representan a aquellos autores
que creen que los síntomas pueden observarse también en personas
que no trabajan en el sector asistencial. Definen el Burnout
como «un estado de agotamiento físico, emocional y mental
causado por estar inmersos durante tiempo prolongado en situaciones
que son emocionalmente exigentes». La escala que ellos desarrollan
el «Burnout Measure (BM)», que es unidimensional, aunque mide
tres aspectos: agotamiento, desmoralización y falta de motivación.
En
ausencia de criterios que puedan usarse para decidir si el
concepto de Burnout está mejor representado por tres dimensiones
o por una sola, uno debería fijarse en los resultados de los
estudios de validación, para conocer al árbol por sus frutos.
Shirom (1989) hizo una revisión de todos los estudios de validación.
Concluye que de las tres escalas del MBI la escala de Cansancio
Emocional correlaciona mejor con variables relacionadas con
el trabajo y con observaciones hechas por los cónyuges y superiores.
Shirom (1989) subraya que la principal conclusión que puede
extraerse de los esfuerzos de validación es que el contenido
exclusivo del Burnout tiene que ver con la pérdida de las
combinación de fatiga física, cansancio emocional y cansancio
cognitivo.
Independientemente,
de su dimensión unidimensional o tridimensional, la necesidad
de estudiar el síndrome de Burnout viene unida al hecho de
analizar los procesos de estrés laboral, así como al reciente
hincapié que las organizaciones han hecho sobre el objeto
de preocuparse más de la calidad de vida laboral que ofrecen
a sus empleados. Actualmente resulta necesario considerar
los aspectos de bienestar y salud laboral a la hora de evaluar
la eficacia de una determinada organización, pues la calidad
de vida laboral y el estado de salud física y mental que conlleva
tiene repercusiones sobre la organización (ver Gráfico D.
Asimismo, y dado que la mayor incidencia del síndrome se da
en profesiones que prestan una función asistencial o social,
el deterioro de su calidad de vida laboral también conlleva
repercusiones sobre la sociedad en general (Gil-Monte y Peiró,
1997).
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