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Para
muchos, sin embargo, el conferenciante invitado "estrella"
fue una sorpresa: el secretario del Tesoro norteamericano,
Paul O'Neill. ¿Qué hacía un ministro
de Economía en un foro como aquél? Si fuera
de Trabajo la cosa sería más comprensible; pero,
¿de Economía?
Sin
embargo, para los asistentes que conocían la trayectoria
de O'Neill, su presencia no tenía nada de sorprendente.
Tras ocupar varios altos cargos en la administración
federal norteamericana entre 1961 y 1977, fue nombrado vicepresidente
de una empresa papelera, donde permaneció hasta 1987,
desempeñando los dos últimos años el
cargo de presidente. El éxito de su gestión
le valió ser nombrado presidente y consejero delegado
de ALCOA, una vieja (más de cien años) y renqueante
gran multinacional norteamericana dedicada a la fabricación
de aluminio y sus derivados. Durante su presidencia (que
terminó en diciembre del año 2000) ALCOA ha
sufrido una transformación que se estudia en las escuelas
de negocios como ejemplo de buena gestión del cambio.
Cuando,
recién nombrado presidente, a las seis y media de una
mañana de junio de 1987, O'Neill llegó a su
nuevo despacho de ALCOA, en las afueras de Pittsburgh (Pensylvania),
llevaba en la cartera una hoja de papel en la que había
escrito lo que esperaba habían de ser los puntos clave
del segundo siglo de vida de la compañía a la
que acababa de incorporarse. En el primer lugar de la lista
se encontraba la seguridad. Habida cuenta de que en esa
época ALCOA ya era la compañía con menor
siniestralidad de su sector, la prioridad otorgada por O'Neill
a la cuestión podía parecer exagerada.
Contrariamente
a lo que podría imaginarse, para O'Neill no son las
ventajas económicas directas de la seguridad lo que
le lleva a considerarla un tema prioritario. En una ocasión
dijo a los responsables financieros de la empresa: "Si
alguna vez calculan ustedes cuánto dinero nos ahorramos
gracias a nuestra excelencia en seguridad y salud, considérense
despedidos". Para O'Neill la seguridad no es una
prioridad de gestión, sino un requisito previo; una
cuestión de valores humanos. Como prueba de la firmeza
de esa convicción, durante el mandato de O'Neill el
índice de frecuencia de ALCOA bajó desde 1,86
a 0,14 accidentes con baja por cada 200.000 horas trabajadas.
A
pesar de los años y de su cambio radical de ocupación,
O'Neill sigue teniendo ideas revolucionarias respecto a la
seguridad. La última, presentada en la cumbre de la
que hemos empezado hablando: sustituir la legislación
preventiva por un pacto que estableciese un objetivo nacional
de siniestralidad aplicable a todas las organizaciones del
país, un objetivo de siniestralidad medido a través
de un índice fácil de calcular, tal como el
índice de frecuencia y, obviamente, bastante más
bajo que la siniestralidad media actual. Y al cabo de dos
años, la que no cumpla, se cierra.
Se
trata, en definitiva, de establecer la dirección de
seguridad por objetivos para todas las organizaciones. ¿Qué
bonito, verdad?
De
todas formas habría que ver lo que propondría
el Sr. O'Neill si algún día lo nombrasen ministro
de Trabajo. Igual cambiaba de opinión. O, a la vista
de su trayectoria, quizá no. Y en ese caso, más
de uno se echaría a temblar.
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Emilio
Castejón Vilella
Director del Centro Nacional de Condiciones de Trabajo |
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