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Notas
positivas y negativas se podrían destacar si hiciésemos
un balance de la repercusión de la Ley de Prevención
de Riesgos Laborales tras haber pasado más de seis
años desde su implantamiento. Positivo, porque ha venido
a constituir un marco legal ante un vacío existente
y preocupante. La nota negativa es que las cifras de accidentalidad
laboral no dejan de aumentar en nuestro país. Los sectores
empresariales, especialmente las pymes, se resguardan culpando
a la LPRL de ser un texto ambiguo, mientras que otros critican
la falta de iniciativa empresarial y gubernamental para superar
estos defectos de norma. En la raíz de todo el problema,
una barrera que en España sigue suponiendo un lastre:
la falta de cultura preventiva.
Como si de un examen se tratase, para aprobar la asignatura
pendiente del forjamiento y sustentamiento de una cultura
preventiva hace falta hacer los deberes. Pero no se trata
de un ejercicio individual, sino de una prueba a gran escala
que debe ser superada en todos los niveles, es decir, por
todos los sectores implicados en el mundo de la prevención.
Se trata pues, de un trabajo de grupo, de equipo, en el que
la organización y la gestión constituyen elementos
vitales y que, finalmente, conllevaran hacia el éxito
o el fracaso, dependiendo de los esfuerzos realizados en promover
y situar la cultura de prevención de riesgos laborales
en el nivel de importancia que debe estar.
Prevenir,
cosa de todos
En el entorno laboral, encontramos cuatro sectores directamente
implicados en materia de prevención de riesgos laborales,
a los que la propia ley atribuye derechos, así como
también obligaciones:
A todas las administraciones publicas (Central, Autonómicas,
Locales y también Internacionales) les corresponde,
además del estudio, desarrollo y la aprobación
de disposiciones generales, la promoción de la cultura
preventiva en dos frentes: formación y educación.
Los sindicatos y representantes legales velarán por
la vigilancia y el cumplimiento de las leyes en materia de
prevención de riesgos laborales. Asimismo, deberán
formar a sus representados y tendrán que actuar como
negociadores de convenios colectivos.
Los trabajadores tienen el derecho a cooperar, en la medida
de sus posibilidades, junto a sus empresarios con el fin de
garantizar unas condiciones de trabajo seguras y que no entrañen
riesgos para su seguridad y su salud.
Los empresarios deberán formar e informar a sus empleados
de los riesgos laborales y de las medidas de prevención
a seguir. En los lugares de trabajo, son ellos los que ejercen
la mayor autoridad y, por motivos éticos y profesionales,
constituyen los máximos responsables a la hora de fomentar
una cultura de prevención entre el personal de sus
empresas.
La
gestión del cambio cultural
Una efectiva cultura preventiva nace de la capacidad de adecuarse
y adaptarse a los nuevos tiempos (nuevas modalidades contractuales,
nuevas tecnologías, etc.). Esto implica un cambio de
actitud, más activa y continuada en el tiempo si cabe.
Como bien indica Javier Crespán, Inspector de Trabajo
e Ingeniero Industrial (en su ponencia presentada en el salón
Preventia 2001 "Sistemás de formación e
información en prevención de riesgos laborales")
no se trata sólo de "saber" (conocer los
riesgos) y de "saber hacer" (entender y crear hábitos
correctos sobre como actuar frente a estos riesgos potenciales).
Es más, se trata de "saber estar", "saber
ser", esto es, fomentando una comunicación amplia
y reciproca entre trabajadores, empresarios y delegados. Se
trata de crear un marco de diálogo, consulta y participación
sobre prevención, de modo de que esta quede integrada
en toda la empresa.
Para favorecer esta comunicación, es necesario también
dotar a la cultura preventiva de un estatus dentro de las
actividades y responsabilidades empresariales, equiparándola
a otros campos como, por ejemplo, la gestión sobre
Calidad y Desarrollo, más todavía cuando es
indudable que la prevención es sinónimo de calidad.
Es en este instante cuando los empresarios han de tomar carta
en el asunto. Como máximos responsables y gerentes
de sus empresas deben de imponer su autoridad también
en materia de prevención, creando hábitos y
costumbres. Hablamos del "efecto dominó"
de la cadena de mando, como un proceso efectivo a la hora
de implementar una cultura de prevención que afecte
a todos los profesionales que presten sus servicios a empresas.
Empezando por la Dirección General y toda la estructura
directiva, la gestión del cambio cultural pasa por
convertir estas obligaciones (utilizar los equipos de protección
adecuados, conocer el uso de la maquinaria, etc.) en hábitos
y costumbres por parte de todos. Se trata de conocer y ser
conscientes de que en todo momento se esta actuando de la
mejor forma en la asignatura preventiva.
Pymes,
la gran asignatura pendiente
¿Por qué las grandes empresas y multinacionales
más competitivas son las que están más
preocupadas por la formación de sus trabajadores en
materia de prevención? Simplemente, porque son conscientes
de que la formación es una inversión y no un
gasto.
Es en las pymes y microempresas donde se evidencia más
la carencia de una cultura preventiva, la mayoría de
veces por el desinterés manifestado por parte de los
pequeños empresarios. Usando algunos pretextos que
en un principio parecerían más propios de sectores
sindicales (como, por ejemplo, acusando a la LPRL de ser un
texto ambiguo y poco concreto), se ocultan verdades tales
como el poco interés en invertir tiempo y dinero en
materia de prevención. Esta falta de motivación
evidencia la escasa consciencia del pequeño y mediano
empresario ante la aplicación de medidas preventivas,
hecho que además de perjudicar a la propia organización
lo hace también sobre cada uno de sus trabajadores.
Lamentablemente, en nuestro pais sigue imperando la dicha
empresarial de que "así lo hemos hecho siempre
y nunca ha pasado nada".
Actualmente en España seguimos inmersos en una cultura
reparadora en la que se siguen asumiendo unos altos niveles
de riesgo, sin cuestionar el elevado coste humano y material
que se derivan de los accidentes laborales.
Sólo si somos capaces, todos los trabajadores y empresarios,
de mentalizarnos sobre las ventajas de aplicar medidas de
prevención en el entorno laboral para así favorecer
una cultura de la seguridad, conseguiremos pasar de ser una
sociedad de riesgo a convertirnos en una sociedad previsora
y evitaremos que la LPRL no se convierta en papel mojado.
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