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LA GESTION DEL CAMBIO CULTURAL EN MATERIA DE PREVENCION


CARLOS OLIVER

Notas positivas y negativas se podrían destacar si hiciésemos un balance de la repercusión de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales tras haber pasado más de seis años desde su implantamiento. Positivo, porque ha venido a constituir un marco legal ante un vacío existente y preocupante. La nota negativa es que las cifras de accidentalidad laboral no dejan de aumentar en nuestro país. Los sectores empresariales, especialmente las pymes, se resguardan culpando a la LPRL de ser un texto ambiguo, mientras que otros critican la falta de iniciativa empresarial y gubernamental para superar estos defectos de norma. En la raíz de todo el problema, una barrera que en España sigue suponiendo un lastre: la falta de cultura preventiva.


Como si de un examen se tratase, para aprobar la asignatura pendiente del forjamiento y sustentamiento de una cultura preventiva hace falta hacer los deberes. Pero no se trata de un ejercicio individual, sino de una prueba a gran escala que debe ser superada en todos los niveles, es decir, por todos los sectores implicados en el mundo de la prevención. Se trata pues, de un trabajo de grupo, de equipo, en el que la organización y la gestión constituyen elementos vitales y que, finalmente, conllevaran hacia el éxito o el fracaso, dependiendo de los esfuerzos realizados en promover y situar la cultura de prevención de riesgos laborales en el nivel de importancia que debe estar.

Prevenir, cosa de todos
En el entorno laboral, encontramos cuatro sectores directamente implicados en materia de prevención de riesgos laborales, a los que la propia ley atribuye derechos, así como también obligaciones:
A todas las administraciones publicas (Central, Autonómicas, Locales y también Internacionales) les corresponde, además del estudio, desarrollo y la aprobación de disposiciones generales, la promoción de la cultura preventiva en dos frentes: formación y educación.
Los sindicatos y representantes legales velarán por la vigilancia y el cumplimiento de las leyes en materia de prevención de riesgos laborales. Asimismo, deberán formar a sus representados y tendrán que actuar como negociadores de convenios colectivos.
Los trabajadores tienen el derecho a cooperar, en la medida de sus posibilidades, junto a sus empresarios con el fin de garantizar unas condiciones de trabajo seguras y que no entrañen riesgos para su seguridad y su salud.
Los empresarios deberán formar e informar a sus empleados de los riesgos laborales y de las medidas de prevención a seguir. En los lugares de trabajo, son ellos los que ejercen la mayor autoridad y, por motivos éticos y profesionales, constituyen los máximos responsables a la hora de fomentar una cultura de prevención entre el personal de sus empresas.

La gestión del cambio cultural
Una efectiva cultura preventiva nace de la capacidad de adecuarse y adaptarse a los nuevos tiempos (nuevas modalidades contractuales, nuevas tecnologías, etc.). Esto implica un cambio de actitud, más activa y continuada en el tiempo si cabe. Como bien indica Javier Crespán, Inspector de Trabajo e Ingeniero Industrial (en su ponencia presentada en el salón Preventia 2001 "Sistemás de formación e información en prevención de riesgos laborales") no se trata sólo de "saber" (conocer los riesgos) y de "saber hacer" (entender y crear hábitos correctos sobre como actuar frente a estos riesgos potenciales). Es más, se trata de "saber estar", "saber ser", esto es, fomentando una comunicación amplia y reciproca entre trabajadores, empresarios y delegados. Se trata de crear un marco de diálogo, consulta y participación sobre prevención, de modo de que esta quede integrada en toda la empresa.
Para favorecer esta comunicación, es necesario también dotar a la cultura preventiva de un estatus dentro de las actividades y responsabilidades empresariales, equiparándola a otros campos como, por ejemplo, la gestión sobre Calidad y Desarrollo, más todavía cuando es indudable que la prevención es sinónimo de calidad.
Es en este instante cuando los empresarios han de tomar carta en el asunto. Como máximos responsables y gerentes de sus empresas deben de imponer su autoridad también en materia de prevención, creando hábitos y costumbres. Hablamos del "efecto dominó" de la cadena de mando, como un proceso efectivo a la hora de implementar una cultura de prevención que afecte a todos los profesionales que presten sus servicios a empresas. Empezando por la Dirección General y toda la estructura directiva, la gestión del cambio cultural pasa por convertir estas obligaciones (utilizar los equipos de protección adecuados, conocer el uso de la maquinaria, etc.) en hábitos y costumbres por parte de todos. Se trata de conocer y ser conscientes de que en todo momento se esta actuando de la mejor forma en la asignatura preventiva.

Pymes, la gran asignatura pendiente
¿Por qué las grandes empresas y multinacionales más competitivas son las que están más preocupadas por la formación de sus trabajadores en materia de prevención? Simplemente, porque son conscientes de que la formación es una inversión y no un gasto.
Es en las pymes y microempresas donde se evidencia más la carencia de una cultura preventiva, la mayoría de veces por el desinterés manifestado por parte de los pequeños empresarios. Usando algunos pretextos que en un principio parecerían más propios de sectores sindicales (como, por ejemplo, acusando a la LPRL de ser un texto ambiguo y poco concreto), se ocultan verdades tales como el poco interés en invertir tiempo y dinero en materia de prevención. Esta falta de motivación evidencia la escasa consciencia del pequeño y mediano empresario ante la aplicación de medidas preventivas, hecho que además de perjudicar a la propia organización lo hace también sobre cada uno de sus trabajadores. Lamentablemente, en nuestro pais sigue imperando la dicha empresarial de que "así lo hemos hecho siempre y nunca ha pasado nada".
Actualmente en España seguimos inmersos en una cultura reparadora en la que se siguen asumiendo unos altos niveles de riesgo, sin cuestionar el elevado coste humano y material que se derivan de los accidentes laborales.
Sólo si somos capaces, todos los trabajadores y empresarios, de mentalizarnos sobre las ventajas de aplicar medidas de prevención en el entorno laboral para así favorecer una cultura de la seguridad, conseguiremos pasar de ser una sociedad de riesgo a convertirnos en una sociedad previsora y evitaremos que la LPRL no se convierta en papel mojado.