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2. El proceso de desgaste

Varios han sido los planteamientos explicativos que pretenden dar luz sobre los procesos implicados en la consecución del desgaste profesional. Referimos a los lectores interesados a la revisión de los más destacados modelos explicativos: el modelo de los procesos del "burnout" de Cherniss (1980), el modelo de las fases del burnout de Golembiewski (1983) y el modelo de los procesos de burnout de Leiter (1988).

Aquí vamos a centrarnos en un marco explicativo conceptual que integra diversas investigaciones sobre el terna, propuesto por Cordes y Dougherty en 1993:

+ Para estos autores las demandas del entorno laboral, en muchas ocasiones derivadas de las propias expectativas sobre la tarea, son las que pueden llegar a ocasionar agotamiento emocional en el sujeto. En otras palabras, la exposición prolongada a una situación laboral donde las demandas y exigencias profesionales superan los recursos para hacerles frente, más aún cuando ello ocurre en una tarea asistencias, llevan al agotamiento.

+ Después de innumerables intentos desafortunados por alcanzar los objetivos propuestos, la persona entra en un estado de indefensión y se pone en marcha la despersonalización como única estrategia de salida. Empieza así un distanciamiento afectivo de las personas sobre las que recaen las tareas profesionales. La asistencia a los demás, en el caso de un maestro o de una enfermera, es un puro trámite, de manera que el trato se vuelve más frío y descortés, en ocasiones hostil.

+ Dada la despersonalización aparecen una serie de consecuencias directas sobre el trabajo que son fácilmente esperables. Las tareas se realizan sin motivación y no reportan satisfacción, por lo que no tardan en aparecer los primeros errores profesionales. Las quejas de los demás, la acumulación de tareas inacabadas o los accidentes laborales son cada vez más frecuentes y acaban por dañar la autovaloración personal y reduciendo la realización personal.

Como podemos observar, parece ser, como ocurre en otros modelos explicativos, que el agotamiento emocional juega un papel central en el proceso del desgaste profesional. Sin embargo, la despersonalización es el factor que mayormente contribuye al mantenimiento del síndrome.

Los autores también hacen hincapié en el efecto amortiguador del apoyo social tanto dentro como fuera del ámbito laboral. Aunque en ocasiones, dicho apoyo, aun retarda más la búsqueda activa de soluciones fuera de las personas más allegadas.

Instrumentos de medida del Burnout
Autores Instrumento
Jones (1980) Staff Burnout Scale
Pines, Arason y Kafry (1981) Tedium Mesure
Maslach y Jackson (1981) Maslach Burnout Inventory
Kremer y Hofman (1985) Burnout Scale
Seidman y Zager (1986) Teacher Burnout Scale
Mattews (1990) Mattews Burnout scale for Employees
García Izquierdo (1990) Efectos Psíquicos del Burnout
Aveni y Albani (1992) Escala de variables Predictoras del Burnout
Moreno y Oliver (1993) Cuestionario de Burnout del Profesorado

3. Datos epidemiológicos

Son muy diversos los estudios que reúnen multitud de variables demográficas y organizacionales para dar con un perfil característico de personas susceptibles de padecer un síndrome de "burnout". Los datos barajados no acaban de dibujar un prototipo único, pero sí parecen coincidir en algunos puntos que nos delimitan ciertos factores destacados.

La edad por sí sola no parece ser una variable determinante para el desgaste profesional. No obstante, los primeros años de desempeño de la profesión sí que se asocia a una mayor propensión al síndrome en ciertos empleos. Probablemente, el estreno profesional coincida con un enfoque exageradamente idealista del puesto y la elaboración de expectativas inalcanzables que facilitan el agotamiento emocional y, así, el inicio del cuadro.

Respecto al sexo, la mayoría de estudios apuntan sobre la mujer como la más proclive al desgaste profesional. Sin embargo, los estudios no parecen del todo claros respecto a las diferencias de género. Como es de suponer, siempre andamos ante la duda de creernos dichos resultados o achacarlos a la reconocida verbigracia de las mujeres, en lo que respecta a la expresión de sus emociones.

En referencia al estado civil parece existir un cierto acuerdo en situar a las personas casadas con una cierta ventaja para librarse del cuadro de " bur~ nout". Estos resultados favorables a las personas casadas parecen repetirse en otros tantos estudios referentes al estrés y suelen interpretarse en relación al apoyo social que representa compartir la vida con otra persona.

Un estudio publicado en la Revista Española de Salud Pública por Juan Carlos Atance Martínez realizado sobre personal de la sanidad pública, describe un perfil prototípico de riesgo para el desgaste profesional como: "una mujer, mayor de 44 años, separada, divorciada o viuda, con más de 19 años de antigüedad profesional y más de 11 años en el mismo puesto de trabajo, que realiza su tarea en un centro de más de 1.000 trabajadores y dentro del ámbito de la atención especializada; con una dedicación directa a los enfermos del 70% de su tiempo laboral, teniendo a cargo entre 21 a 100 enfermos y trabajando entre 36 a 40 horas semanales".

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