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Organizaciones
estresadas
Las empresas que deseen tener éxito en un futuro próximo
deberán ser capaces de reconocer, analizar y abordar los
síntomas de esta enfermedad, que cada vez afecta a mayor
número de personas, y prevenir su aparición.
AUTOR:
Simón L. Dolan, Director
científico IEL-Esade.
Publicado en Cinco Días.
Por
qué el estrés se está convirtiendo en un
factor relevante en las organizaciones actuales?, ¿deben
éstas preocuparse por la salud laboral de sus empleados,?
¿están preparadas para gestionarla? Estas y otras
preguntas plantean interrogantes sobre los que vamos a reflexionar
en este artículo. ¿Quién no se ha sentido
alguna vez estresado en su vida? Hans Seyle, científico
canadiense, lo introdujo hace 50 años. Sin embargo, sólo
hace pocos años que la sociedad ha empezado a prestar atención
a la importante influencia que tiene el estrés en la salud
y las pérdidas económicas que supone para las organizaciones.
Sólo en Europa, el coste del estrés laboral asciende
a más de 20 billones de euros anuales. El estrés
surge cuando nos sentimos incapaces de responder y adaptarnos
a una determinada situación. Cada persona puede reaccionar
de forma distinta al estrés. Sin embargo, podemos identificar
una serie de síntomas comunes: aumento de los niveles de
tensión, depresión, irritabilidad, dificultades
de concentración, enfermedades psicosomáticas (cefaleas,
hipertensión, accidentes cardiovasculares ... ). Además
de niveles altos de accidentes de trabajo, absentismo y una disminución
del rendimiento laboral.
¿Quien
tiene más riesgo de sufrir estrés? De forma paradójica,
hoy en día "vivir estresado" está de moda.
Se asocia a una serie de comportamientos y hábitos: un
número elevado de ocupaciones y responsabilidades, frenética
actividad profesional y/o personal, sensación de falta
de tiempo material, ir siempre deprisa, etc. De la misma manera
que existen personas con una personalidad más predispuesta
a estresarse (la literatura las describe como personalidades tipo
A), determinadas organizaciones poseen una serie de características
que las hacen más susceptibles de estar estresadas. Vamos
a detenemos en comentar algunos de los estresores internos a la
organización:
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Estresores
a nivel individual: sobrecarga de trabajo (exceso de trabajo
en términos cuantitativos y cualitativos), conflicto
y ambigüedad de roles, discrepancias con las metas de la
carrera profesional y otros.
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Estresores
a nivel grupal: falta de cohesión, conflictos y presiones,
malestar en el clima laboral del equipo, etc.
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Estresores
organizativos: mal clima de la organización, burocratización,
estructura jerárquica, cambios rápidos de la tecnología,
fechas topes no racionales, conflictos de poder.
¿Qué
consecuencias tiene el estrés en los trabajadores? Y ¿en
la empresa? En el mundo actual, las organizaciones han de dar
respuestas rápidas y efectivas a los cambios. Esta presión
se traslada a los trabajadores. Todo ello, desencadena en una
situación de estrés organizativo y personal. La
organización estresada sería aquella en la que existe
un desequilibrio entre sus objetivos y la realidad de sus condiciones
internas y externas (estrategia corporativa, tecnología,
recursos humanos, cultura, valores, resultados económicos,
competidores ... ). A su vez, el trabajador estresado sería
aquel que padece también un desequilibrio, en este caso
entre sus expectativas e intereses profesionales y la realidad
de sus condiciones individuales de trabajo (responsabilidades,
autonomía y control, sistemas de incentivos, planes de
carrera y desarrollo profesional).
Para
concluir, sabemos que el estrés es un fenómeno sin
color ni olor. Sin embargo, sus efectos son acumulativos y desembocan
en un peligro constante y al alza tanto para los trabajadores
como para las empresas. Las organizaciones que deseen tener éxito
en el futuro deberán ser capaces de reconocer y tratar
los síntomas de este problema y prevenir su aparición.
Los directores de recursos humanos, como gestores del recurso
más preciado de las empresas, esto es, las personas, jugarán
un papel estratégico clave en la prevención de los
riesgos laborales derivados del estrés. Lo único
que resta, por tanto, es poner los medios y recursos suficientes
para que así sea.
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