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Ultimamente se habla
mucho de la necesidad de incentivar a las empresas, introduciendo
beneficios legales para aquellas que demuestren un bajo índice
de riesgos. ¿Considera que esta es una buena opción
o cree que existen otras mejores?
Filosóficamente soy partidario de establecer una
clara y fuerte diferenciación entre aquellos que cumplen
la ley y los que no lo hacen. Pero hemos de ir con cuidado,
para no consolidar la idea de que las administraciones públicas
han de pagar para que se cumpla la ley. Entonces podemos llegar
a una situación que puede ser un poco kafkiana, si
las leyes tuvieran que contener un apartado anexo que diga
"esta parte de financiamiento necesario para aplicar
la ley irá dirigido a ayudas públicas a las
empresas para que la cumplan". Esto no puede ser, de
ninguna manera.
El concepto yo creo que es otro. Debería de haber un
bien a proteger que es la vida y la salud de las personas,
derechos considerados de forma especial dentro de la Constitución.
Los poderes deben de poder garantizar los derechos de las
trabajadores y las empresas tienen el deber de garantizarlo
dentro del ámbito de su organización productiva.
Por eso, una de las cosas más claras de la ley es responsabilizar
en cualquier caso a las empresas de los riesgos que se producen.
Lo que hace falta es buscar sistemas que penalicen de manera
muy fuerte a quienes no cumplan con sus deberes.
Quizás, el sistema sería impedir que las empresas
pudieran externalizar los costes de la no prevención
hacia las personas, hacia los trabajadores y hacia la sociedad.
Una cosa que los empresarios tienen que asumir es que son
ellos los responsables. No puede ser que los empresarios digan
que en el único espacio donde no pueden garantizar
la disciplina dentro de la empresa es en el ámbito
de la prevención del trabajo y la salud. Siempre se
ha de entender que el primer elemento clave de cualquier política
preventiva es que cualquier riesgo es evitable.
¿Considera usted
que los empresarios y sus directivos conocen suficientemente
sus responsabilidades y las consecuencias que se derivan de
la no correcta aplicación de la normativa legal?
Hay diferentes actitudes empresariales. Ahora sí,
los datos y las encuestas realizadas, incluso por las propias
asociaciones de mutuas, ponen de manifiesto una cosa brutal,
que es que casi seis años después de la aprobación
de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales hay un
porcentaje impresionante de desconocimiento entre los empresarios,
que ni tan sólo la conocen superficialmente. Incluso
quienes dicen conocerla llegan a desconocer aspectos básicos.
CCOO siempre pone énfasis en el tema de formación
de los trabajadores, pero cabe decir que lo más importante
de todo es hacer formación entre los empresarios, para
que sean conscientes de cuáles son sus obligaciones.
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el
problema es que hay una infravaloración de una
cantidad de riesgos de origen profesional que por no
existir, no están ni previstos en ninguna de
las políticas preventivas ni de las estadísticas
de las empresas.
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¿Qué piensa
del Informe Durán presentado al Presidente del Gobierno
el pasado mes de marzo?
He tenido dos percepciones destacables al respecto. Una,
que hace emerger bastantes elementos que estaban debajo de
la mesa. Por ejemplo, yo creo que desmiente una de las ideas
que ahora el Ministerio de Trabajo quiere utilizar como ofensiva
para decir que una cosa no es tan grave, como es que si las
estadísticas de siniestralidad están saliendo
elevadas y no hay forma de bajarlas, hay que cambiar el sistema
de medirlas, aunque la realidad siga siendo la misma. Si es
verdad que puede haber una sobrevaloración de algunos
accidentes laborales, el problema más grave no es éste,
el problema es que hay una infravaloración de una cantidad
de riesgos de origen profesional que por no existir, no están
ni previstos en ninguna de las políticas preventivas
ni de las estadísticas de las empresas.
La segunda cosa, es que yo creo que hay una extrapolación
de algunas de las recomendaciones del informe, aunque el encargo
que se le realizó es muy claro: hacer un cierto diagnóstico
de la situación y entonces ya se plantearán
una serie de soluciones en materia de políticas preventivas.
Si se plantean elementos de reforma o de modelo de protección
social, creo que puede ser muy peligroso. En los últimos
períodos, se ha puesto de manifiesto que las mutuas
no están al nivel de las circunstancias y funciones
expuestas en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.
Seguramente por un dato elemental. Porque cuando entran en
juego dos intereses, el de la vida y la salud de las personas
y el interés de las empresas, hay mucha facilidad de
que se beneficien los segundos. Y en este sentido, las mutuas
están más interesadas en pólizas y clientes
que no en garantizar la salud de los trabajadores. Esto se
acabaría de una manera, que es nuestra gran batalla,
el día que los trabajadores colectivamente pudiesen
decidir quien es el que está responsabilizado de realizar
las funciones vinculadas a nuestra salud. Somos los trabajadores
de este país los únicos que no tenemos voluntad
de decidir quien se encarga de las funciones propias de prevención
de nuestra salud. Esto lo deciden las empresas, con una filosofía
que es muy peligrosa, que la salud no la decide el trabajador
sino quien la paga, y quien paga manda. El Informe Durán
trata de transformar el sistema propio de protección
social, función que no se le encargó. Además
creo que no responde a la experiencia de estos últimos
años, sobre todo en lo referente a las mutuas.
¿Cree que los técnicos
de Servicios de Prevención, tanto ajenos como propios,
perciben con claridad el rol como asesores de empresarios
y trabajadores?
La prueba más evidente de que la sociedad y la
empresa no prestan importancia a los sistemas de prevención
es que en el momento en que se aprobó la Ley todavía
no había técnicos de prevención para
poder llevarla a la práctica. Pero además, en
la medida en que la relación del técnico con
la empresa encargada de la prevención es una relación
asalariada, que es normal, y en la medida en que algunas empresas
carecen de código ético, y esto sería
una cosa imprescindible, no se tiene claro que el destinatario
de su actuación no es su cliente, sino la salud, la
vida y la prevención de los trabajadores. En general
lo que se produce, o se puede producir en determinados casos,
es una perversión de la función del técnico
motivada por la propia cultura de la empresa de prevención
que le transmite, en definitiva, la idea de quien paga manda.
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